Contemporary Art

Naufragios

NAUFRAGIOS, Aportaciones creativas para la reflexión social

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Texto comisariado de Esteban Ruiz

“Y sin duda nuestro tiempo… prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser… lo que es ‘sagrado’ para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado.”

Feuerbach, prefacio a la segunda edición de La esencia del Cristianismo.

En efecto, nuestra realidad se ha convertido en una lineal representación teatral donde consumimos apreciaciones envasadas desde los “centros de producción de realidades”. Prioridades impuestas, alegrías impuestas, preocupaciones impuestas y algún que otro guiño de caridad para lavar nuestras conciencias. Somos participes de una obra representada en un teatro acartonado donde no se permite la intervención del público y donde el más mínimo carraspeo es silenciado por tus vecinos cercanos. Un duermevela que se convierte en sueño, como los sueños de Calderón, un sueño necesario ya, como nos recuerda Guy Debord en “La separación consumada”,  A medida que la necesidad es soñada socialmente el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño“.

Esta factoría de sueños, como vemos, afecta y se nutre asimismo de la cultura . De esta manera, venimos observando una ralentización en la espontánea generación de culturas autóctonas,  surgidas estas desde las bases estructurales de cada sociedad como ha venido siendo natural  a lo largo de la historia hasta el final de la 2ª guerra mundial, y dando paso a partir de ese momento, a la incursión de formas culturales sometidas al consumo de productos y no a la generación de la anterior como valor de consolidación de formas diferentes de pensamiento.

En estos momentos, nuestras directrices culturales se limitan a importar paquetes  diseñados en sociedades que nos llevan ventaja en el establecimiento y la consolidación de lo que se ha denominado “industria cultural“.

Esta industria genera productos con estrategias de mercado invasivas  con los consumidores que los adoptamos con avidez, llevando implícito el consumo de objetos y la sensación de autosatisfacción de la consciencia que nos impide generar ideas.

Estamos sucumbiendo a estas directrices  por las repercusiones que tienen sobre las economías globales y locales, y por intereses que perciben la cultura como una industria especulativa más que como una estructuración de maduración social.

Contamos con reiterados ejemplos  a lo largo de la geografía nacional de esta funesta aplicación de políticas culturales que en vez de ayudar a la generación espontánea de arte, se reinventan necesidades ficticias que esquilman no solo los recursos destinados a este menester sino también las ideas.

Como bien dice el antropólogo francés Marc Augé, “hay que formar no como consumidores, sino como creadores.” El nuevo humanismo es eso: formar a las personas para que controlen los instrumentos. Formarlos para crear

Adquiere esto más importancia aún en una sociedad donde la asunción de criterios de pensamiento comienza a ser, si no criticada, sí desprestigiada o relegada por la homogeneización de las estructuras sociales, de las referencias culturales y de las formas de pensamiento que se nos impone como la forma políticamente correcta de actuar y pensar

Aprecio como muy valientes, ciertas actitudes tanto a nivel formativo como de producción que permiten a los ciudadanos interesarse  unos e implicarse otros en entornos sensibles a la creación y la generación de ideas, de las que andamos tan escasos.

Un momento dramático viven los creadores desde que el apoyo a la actividad artística y cultural, necesario desde las instituciones públicas, a sido sustituido, por gestores intermedios que están errando sus objetivos, que no deberían ser otros que las ayudas y los incentivos a la creación, y que por otro parte, van  inclinándose  en el apoyo a su propia actividad organizativa, deteriorando de esta manera, irremisiblemente, los recursos que deberían volcar sobre los propios creadores. Como complemento a este supuesto trabajo de apoyo, es la empresa privada quien se debe de afrontar  la acción de mercado de estas creaciones, y el público de decidir las corrientes estéticas acordes con cada entorno social.

La excesiva incidencia institucional en el mercado del arte, crea confusiones, cuando no corrientes deliberadamente dirigidas para crear opiniones interesadas.

Hoy  día en el que todo pensamiento se trivializa debido al mercado, no existe relación entre los problemas que nos acucian  y las ideas que generamos. Vivimos en un verdadero cambio de paradigma donde se mantiene un combate que enfrenta” imagen versus argumentación”. Un ejemplo lo tenemos en la gran proliferación de edificios emblemáticos en nuestras ciudades con el fin de inventar sus propias singularidades, y terminar pareciéndose a centros comerciales fuera de contexto.

Estamos sumergidos en un periodo de gran cinismo en el que la teatralización  a sustituido a cualquier estrategia crítica. 

Moby Dick, Enlace, Esteban Ruiz  MOBY DICK EXHIBITION

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