Fine Arts Works

Los juegos perversos de Esteban Ruiz

I.Muñoz Directora de COSO Producciones Culturales

“No hay nada “No tenemos nada nuestro, salvo el tiempo, del que gozan hasta quienes no tienen morada”

Baltasar Gracián, El Cortesano

“El espectáculo, que tiene la función de hacer olvidar la historia en la cultura.”

La sociedad del espectáculo, Guy Debord (1967)

El espectáculo, que tiene la función de hacer olvidar la historia en la cultura.” La sociedad del espectáculo, Guy Debord (1967)

Los juegos perversos de Esteban Ruiz

Sucedió en Sevilla en 1988 en el Cuartel del Carmen, un antiguo edificio en ruinas en el que se habían impostado múltiples arquitecturas asilvestradas como lo estaban sus patios y rincones. Julian Schnabel presenta su últimos trabajos en Reconocimientos, la escenografía de lo humano, de lo informal, de la representación honesta y sosegada, sin espectáculo. Esteban Ruiz se reconoce en esa identidad siendo tan solo un estudiante de Bellas Artes en una ciudad periférica, extremadamente conservadora y tradicional, entiende la provocación del artista americano incitado por su amigo y crítico de arte Kevin Power. Un tandem perfecto para sacar de sus casillas al mas cauto de los estoicos. Esta perfecta muestra de bad painting de Schnabel se marcó en la retina de Ruiz y permaneció semioculta apareciendo esporádicamente en su obra, hasta que ha reventado con la dureza del periodo de confinamiento, enseñando su cara mas cercana a ese neoexresionismo americano.

Esta exposición mítica, se le graba y le empuja a tomar la decisión de escapar de allí y aprender a mirar el mundo de otra manera.

Desde entonces trabaja entre Francia y España. La llegada de la pandemia y con ella el confinamiento en marzo de 2020, le sorprende en Almodóvar del Río con su familia donde tiene uno de sus talleres de trabajo. Ha terminado un tiempo atrás la colección Moby Dick, the Dream of Captain Ahab a la que ha dedicado tres años, hasta lograr reunir 25 piezas de gran formato y una gran colección de dibujos basada conceptualmente en la relectura de la novela de Melville y formalmente en los viejos logbook o cuadernos de bitácora de los balleneros del siglo XIX. Esta serie, iniciada en su taller de Almodóvar, fue continuada y terminada en el taller de París.

Como decía anteriormente, la situación inaudita del confinamiento, hace que esta vez se sumerja en el taller con una profunda inquietud social y vital. Observa el entorno que le rodea y que acata dócilmente el secuestro de la libertad, que por otra parte él considera necesario, a la vez que le provoca una profunda paradoja. La única solución para encontrar las respuestas a todas las cuestiones generadas es enfrentarse a una nueva obra en el taller. Romper con la estética precedente, sacar el lado mas cínico, acabar con el desconcierto planteando nuevas situaciones desconcertantes, explorando el lado de la intuición, uniéndolo a la imagen y trascendiendo el sentido literal de esas mismas imágenes. Como en un Koan, pretende como objetivo romper las pautas ordinarias de pensamiento. Estos juegos del absurdo le recuerdan a las conversaciones extravagantes que mantenía con Alejandro Garmendia y Antonio Murado en la terraza del apartamento que el primero tenía en el Chelsea Hotel de New York, donde vivieron Jasper Johns, De Kooning, Kerouac o Miller, con las Torres gemelas gobernando el skyline de la ciudad y las no menos disparatadas y divertidas situaciones vividas en el Quijote, un bar español en los bajos del histórico hotel de la 23 st donde bebían Estrella de Galicia y comían boquerones en vinagre rodeados de los talleres de los artistas mas prestigiosos y las galerías mas glamurosas de la gran manzana.

No ha faltado nunca este sentido del humor en la obra de Esteban Ruiz, aunque a veces a estado cargada de un intenso dramatismo. Sucede así en la colección Behind the Mask, una serie en la que ya comienza a trabajar confrontando diversos planos y grandes manchas de color de fondo segmentadas como volvemos a ver en Tales of the Show. Behind the Mask es una de sus colecciones más inquietantes, en la que descubrimos a un artista enfrentándose a sus miedos. Como nos ven, lo que somos y lo que queremos ser, el personaje que representamos y lo que descubrimos al quitarnos la máscara, esos fantasmas escondidos a flor de piel. Nuestra personnalité cachée. Nos recuerda a Fernando Pessoa en su Tabaquería,

Cuando quise quitarme la máscara, 

estaba pegada a la cara. 

Cuando me la quité y me vi al espejo, 

ya había envejecido.  

Y su obra sigue evolucionando. La deriva de ese neoimpresionismo hacia el pop-art es inevitable incorporando nuevas estéticas y discursos más libres. Espacios de transición donde la figura humana adquiere aún más protagonismo. Movimiento y referencias a rituales primitivos, como ya realizo en sus primeros años en París cuando trabajaba con la Foundation Coprime (después Coffim) y sus numerosas exposiciones en la Avenue Kleber, compartiendo sus trabajos con el pop de Eduardo Arroyo, los colores de Pincemin  o el misticismo de Richard Texier en las exposiciones Payssages de la Memoire y L´Eveil Artistique. Aquí surge la serie de danzas rituales, imágenes contundentes y perfiladas que terminarán recortándose y desprendiéndose del bastidor en una serie de disparates y contrasentidos que ponen en jaque al espectador tanto por su presentación, que resulta ser un híbrido entre pintura y escultura, como por su temática absurda.

Estos sorprendentes trabajos van sucediéndose durante dos años aproximadamente de una manera continuada y atrevida, desarrollando grandes formatos llenos de color y de referencias oníricas, un universo wonderland que Carroll podría haber imaginado, en el que encontramos rinocerontes con tacones, cebras que escrutan a ratones, elefantes con alas de mariposa, bajo el título de Diálogos-Recortables. ¿Cómo sería un mundo en el que estos diálogos pudieran tener lugar? Seguro que mas divertido.

Esta colección, respira mas pop que expresionismo, y revive los periodos de transición entre los dos movimientos, como ya hizo en los años 50 el tejano Robert Rauschemberg, hasta llegar a la estética informalista de la colección que presentamos aquí, en este catálogo de Tales of the Show

Esteban Ruiz es un pintor con una gran disciplina y metodología, algo de lo que siempre se ha sentido orgulloso. Las fuentes de documentación, las notas, apuntes, los periodos de trabajo, los horarios de taller, la premeditación… sabe lo que quiere antes de entrar en el taller, hasta esta reciente colección, en la que se sirve de esta disciplina y metodología para hacer todo lo contrario, citando de nuevo a Rauschemberg.

Pasa de una iconografía del lo austero y podríamos decir, en cierta medida de lo zen, a una iconografía del exceso, en colores, formas y planos. Reúne en cada una de las obras de esta colección distintas ideas que ya surgieron en otras etapas de su carrera y las mezcla de una manera sosegada para poder transmitir inequívocamente el mensaje que él desea. Una figura humana, una cama, la pintura escurriendo que él tanto ha utilizado y que la recoge del imaginario de Twombly, aunque en estos momentos le añade el color. Collages de pintura en los que crea paisajes y escenas para fortalecer su discurso.

Ya había tratado las temáticas sociales de una manera mucho mas explicita en Derechos Hu-manos, unas series de esculturas, instalaciones y fotografías desarrolladas en el año 2003 a su vuelta de New York y Washington. Utiliza como telón de fondo la Guerra del Golfo y las manos como protagonistas. Denuncia una serie de violaciones de los derechos humanos en diferentes lugares del planeta y en diferentes entornos sociales, creando tensiones al reflejar estos grupos sociales que son mas sensibles a “encajar” la violencia, a ser víctimas de ella.

Como cita Juan Carlos Arañó refiriéndose al trabajo de Ruiz: Su obra tiene el compromiso como seña de identidad, de participación en el grupo, de sus valores y ética como un paisaje de acontecimientos en el que el arte se convierte en una crónica despiadada, en representación del compromiso eliminando todos los obstáculos entre el artista y la idea… El argumento de Esteban Ruiz es la llamada de atención al comportamiento histórico-social colectivo y a sus efectos políticos.

En Tales of the show, Esteban Ruiz se siente muy cómodo en la pintura, y aunque vuelve a trabajar esa temática social como en 2003, no lo hace de una manera tan evidente, sino que incita al espectador a descubrir los juegos perversos que esconden, los indicios ocultos en cada una de las obras. Hace dudar en la emoción al espectador, les hace replantear la mirada en cada una de las iconografías reflejadas en esos juegos de expresividad, porque somos mejores cada vez que dudamos, porque nos hacemos más humanos y mas sociales al dudar. Asegura que la certeza es para necios. Esta manera de pensar la asocia con la relevancia del contexto efímero que se expresa en la representación, en el Show. Aunque él por contra, plantea de esa manera fútil temas que son universales y atemporales. Ruiz ancla esa idea que supone lo relativo de la importancia de la representación, que son sus cuadros, cuando permanece unas semanas en Dharamsala y estudia el trabajo de los monjes budistas que realizan complejos mandalas en el suelo de habitaciones situadas en una especie construcciones en altura. Después de meses de trabajo en estas obras realizadas con arenas de colores, abren las puertas y ventanas y el viento termina el proceso con la destrucción de la obra. 

La obra como producto que permanece solo es importante en la sociedad de mercado. Esta idea marcó su trabajo.

Denuncia Esteban Ruiz en Tales of the Show injusticias que nos desangran como sociedad, pero nos las muestra de otra manera, de un modo mas frívolo, pasando sin hacer ruido aunque con una tremenda carga de profundidad para nuestras conciencias. Nos provoca para pensarlas en frío, y volver a pensarlas, y posicionarnos. Porque nos exige posicionarnos. All women have your voice, all women have my voice, nos desliza desde la ternura a la reivindicación, desde lo personal a lo social, una transición sutil en la forma y evidente en el mensaje, con el feminismo como fondo. La soledad como trasfondo en un mundo hipercomunicado que observamos en You are alone, funciona como una bofetada que nos despierta de la somnolencia comunicativa. En Black lives matter un gesto, la capacidad de empatizar, de comprender los problemas, los miedos de los otros. Un policía en lugar de reprimir a unos manifestantes se arrodilla y reza con ellos. Y Esteban Ruiz lo convierte en icónico. La actitud mas valiente, como hizo el comandante del Departamento de Policía de Los Angeles Cory Palka el 2 de junio de 2020. Este gesto se convirtió en universal y símbolo de una lucha por la igualdad partir del asesinato del ciudadano americano George Floyd.

En Umbrellas over the snow, la playa dejan de ser tórrida y se convierte en un lugar inhóspito, aunque una sugerente pin-up girl sacada de un poster de los años cincuenta evita la hipotermia con un discreto modelo de chaleco salvavidas de la ONG española Open Arms, que recupera náufragos en el Mediterráneo. El acrónimo peyorativo a los países del sur de Europa, y el desprecio y demonización de los entornos sociales mas débiles, es el argumento de We all need our pigs. Todos necesitamos a alguien a quien culpar y así escurrir nuestras responsabilidades. Una referencia filmográfica de Win Wenders, la enajenación, el olvido y la desaparición de la memoria, en la historia, la actitud y la enfermedad, me impiden recordarte en I coulden´t picture you anymore

Y así, una por una, todas las obras de esteban Ruiz están cargadas de significados que el espectador debe encontrar para sacar sus propias conclusiones, reflexionando sobre cual es su papel en esta historia que estamos representando en la que debemos decidir si queremos ser espectadores o guionistas.